Recomendación
Sunka Raku

Año: 2015

Dirección: Hari (Carlos) Sama

Guión: Hari (Carlos) Sama

Fotografía: Miguel López

Elenco: Roberto Behar

​Música: Erick Bongcam

6 de agosto de 2018

Hace poco vi una película titulada Sunka Raku (2015) del director mexicano Hari Sama. Se trata de un documental que narra el viaje interno de un hombre llamado Roberto Behar por todas las etapas de su vida, de la infancia a la vejez, en la cual descubre su verdadera vocación: la de convertirse en un auténtico maestro de la ceremonia del té japonesa. Para ello, Roberto, con la ayuda de pobladores locales, construye en medio de un lugar aparentemente inverosímil para ello —el Ajusco— una casa de té genuina usando sólo técnicas japonesas y materiales tradicionales.

La historia de este hombre está llena de anécdotas que nos recuerda que lo único permanente es el cambio y que es mejor aceptar la incertidumbre antes que luchar contra ella. Es un individuo que ha tenido una vida llena tanto de aventuras cuanto desdichas, empezando como estudiante de clavecín roído por la pobreza, la depresión y la locura en París; pasando por ser uno de los principales impulsores de la cetrería en México, director de comerciales y publicista, hasta llegar a construir su propia casa de té y convertirse en maestro. Es una vida por derecho propio “novelesca”; está llena de anécdotas, viajes, giros inesperados y situaciones que oscilan entre lo dramático y lo excéntrico. A través de la figura de este extraño personaje la película propone una reflexión sobre la vida y sus diferentes fases, la espiritualidad, el paso del tiempo como motor de cambio y la interminable búsqueda de la felicidad. El filme además es muy agradable a la vista: lleno de planos contemplativos que se suceden con gracia y elegancia y que verdaderamente transmiten una sensación de calma y tranquilidad.

Sin embargo, en un documental que gira por completo en torno a un personaje real, tan carismático y adorable como lo es Behar… para mí el verdadero protagonista de la cinta es otro: el propio Hari Sama. En realidad, esta idea no es fortuita. Terminé leer todas las “novelas de no ficción” de Emmanuel Carrére y algo interesante en esta faceta de su literatura es que, a pasar de que Carrére novela hechos reales y describe personajes que existen en la realidad, él no se extrae de la narración como si solo fuera un simple oservador haciendo un reportaje; al contrario, escuchamos lo que opina sobre lo que ocurrre o ha ocurrido en el pasado, se observa a sí mismo en los personajes que describe, se interesa por ellos como personas y, con frecuencia, las interacciones que sostiene con ellos cambian el rumbo de sus narraciones. No parece estar tan interesado en documentar un hecho, sino en documentar lo que ese hecho le hace sentir.

Así, aunque de una manera menos obvia que Carrére, Hari Sama entreteje una historia en la que en realidad nos está contanto su propio camino de autodescubrimiento a través del personaje de Roberto Behar y de alguna manera lo utiliza como una especie de espejo. Al repecto, en verdad creo que es una tedencia humana vernos reflejados en otros para descubrinos a nosotros mismos, de ahí que en diferentes momentos de nuestras vidas las biografías sean un tipo de lectura que nos atrae sobremanera, pues nos esforzamos en encontrar las partes perdidas de nosotros en el personaje cuya vida estamos leyendo. Me imagino, pues, que esto pasa —y de manera mucho más marcada— con el biografo o el documentalista quienes, conscientes o no de ello, cuando cuentan la historia de algun “otro” nos están contando tambien la suya. 

 

Estoy seguro que lo mismo puede aplicar para un personajes y situaciones de ficción, en el cual su creador —y posteriormente el lector o espectador— proyecta rasgos de su propia personalidad y experiencias propias. Sin embargo, estoy covencido de que el cine documental es ideal para hacer evidente el artificio de que aunque se este contando algo que que en verdad ha ocurrido o la vida de alguien que existió en la realidad, el creador no puede excluirse del todo —acaso sea imposible— y en realidad nos está mostrando mucho más de él mismo que de aquello que reporta o documenta. El cine documental, como género, nos ha dado muchos ejemplos de esto que digo y para ello solo haría falta enumerar muchos de los documentales de Werner Herzog o del propio Michael Moore. Carrére lo tiene claro: lo única historia que vale la pena contar en un documental es la historia del que lo está haciendo. 

Así pues, en Sunka Raku, Hari Sama aparece como una figura sutil durante todo el largometraje, hasta terminar como una figura que comparte el protagonismo con Roberto Behar —de quien el propio Sama se ha convertido en un álter ego. En la última escena del documental, la culminante ceremonia del té, ambos personajes encuentran un remanso de paz en medio de una realidad que muchas veces puede ser mas dolorosa que agradable: uno como maestro y el otro como alumno, uno en el inicio del camino y el otro al final, cada uno pensando que la película que están haciendo trata del otro.

Acaso el cine y la literatura sean siempre espejos deformados en los cuales ver nuestra propia alma reflejada, acaso lo que vemos en las pantallas donde se proyecta un documental tenga más que ver con nosotros que con aquellos que vemos proyectados. Al final, el cine es solo otro truco de feria, otra casa de los espejos, otro camino al autodescubrimiento a traves de los otros. Pero como siempre digo: estas son sólo opiniones mías. Quien quiera contrastarlas con las suyas, lo invito a ver Sunka Raku, estupendo documental mexicano del director Hari Sama. Estoy seguro que no los dejará indiferentes.

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