Ensayo
SEMANA SANTA A LA MEXICANA:
LOS CASOS DE EL ELEGIDO Y CRISTO 70  
por Joaquín Balancán Aguirre

13 de abril de 2017

Una de las festividades religiosas más importantes para el mundo católico es, sin duda, la Semana Santa. Una conmemoración que, de acuerdo con el dogma, recuerda a Cristo como artífice de la salvación de la raza humana. Esta historia ha sido representada en todas las expresiones artísticas que existen: la pintura, la escultura, la literatura, el teatro y, por supuesto, el cine.

La vida y muerte de Cristo ha sido adaptada para la pantalla grande desde la época del cine silente con la película Del pesebre a la cruz (Sidney Olcott, 1912) hasta La Pasión de Cristo (Mel Gibson, 2004), famosa por darle más peso a los detalles violentos de la crucifixión. El cine mexicano no se ha quedado fuera de ofrecer sus propias representaciones cinematográficas, siendo la más famosa El mártir del calvario (Miguel Morayta, 1952) con Enrique Rambal en el papel de Cristo. Sin embargo, me parece interesante rescatar, en la filmografía mexicana sobre el tema, un par de películas que podrían ser consideradas “metarrelatos” al centrarse no exactamente en la figura de Jesús, sino en las representaciones populares de la crucifixión y que son muy importantes en la religiosidad mexicana.

Una cinta que nos permite descubrir y ver de cerca lo que ocurre en estas representaciones populares es El elegido una producción mexicana de 1979 dirigida por Servando González, que tiene la particularidad de haber sido filmada durante la escenificación de Iztapalapa, una de las más concurridas e importantes del país. Este rasgo es probablemente el más atractivo del filme, pues lo que vemos es un juego de espejos en el que se representa cinematográficamente otra representación: la de la muerte de Cristo montada por los pobladores de Iztapalapa. No sobra decir que estas representaciones populares son una de las tradiciones más arraigadas en nuestro país, por su teatralidad, su barroquismo, y el surrealismo que implica ver a un conocido o familiar encarnando al propio Cristo.

Así pues, el argumento de El elegido se centra en la figura de Andrés (Manuel Ojeda) un joven taxista capitalino proveniente de un hogar católico en el cual su padre ha interpretado en tres ocasiones a Cristo. Por lo tanto, el joven no tiene más que darle gusto a su madre e interpretar él mismo a Jesús, tomando la estafeta de su padre. Por un golpe del destino, Andrés resulta electo por el comité organizador de la representación, lo que desemboca en un rechazo hacia el papel y consolida su animadversión con su familia. 

 

Uno de los puntos más interesantes de la película es que muestra el fanatismo con el que se vive la religiosidad popular en nuestro país, así como las consecuencias de los excesos de la devoción. También trata de manera muy puntual la transformación de las muestras de fe en mercancía consumible, así como el lucro que hacen las autoridades, los organizadores y los mismos participantes.

De esta manera, El elegido es una película estremecedora, por sus escenas, sus diálogos y su desenlace, en el que el fervor exacerbado puede conducir a la misma muerte. Del mismo modo, nos enfrenta nuevamente con un México surrealista que de manera devota celebra la semana santa entre sustancias tóxicas, alcohol, violencia y apatía. No es casual que la cinta culmine con un estribillo desolador que reza: “México, quiero conocerte”.

Paralelamente, otra cinta que retrata el lado irónico de la escenificación de la pasión, es Cristo 70 (Alejandro Galindo, 1969) en ella Raúl (Carlos Piñar), un joven con una vida totalmente disoluta, comete un robo junto con sus compañeros y deciden refugiarse en un poblado donde por azares del destino es seleccionado para representar a Cristo durante la escenificación de esa localidad. Sin embargo, el escondite no es del todo seguro para Andrés ya que, justo como le ocurrió a Cristo, quienes parecían ser sus amigos lo traicionan y lo que parecía una vía de redención, se convierte en un camino hacia muerte.

Esta película, si bien no tiene las impresionantes escenas de multitudes de El elegido si funciona para mostrar un lado más local de la organización de estas representaciones. De igual manera, están presentes las figuras corruptas como la  del cura del pueblo y el presidente municipal, así como el sincretismo que se alcanzan las representaciones en las comunidades.

Resulta interesante puntualizar las similitudes que existen en estas películas. En primer lugar, los protagonistas cargan con pasados sórdidos que creen serán redimidos a través de su transformación en Cristo; es decir, los dos piensan que su arrepentimiento y muerte, pese a ser una representación, los ayudará a dejar la culpa y seguir con sus vidas; aunque paradójicamente su destino parece inevitable, como el de Cristo. Creo que ambas películas nos deben llevar a reflexionar qué tanto ha cambiado nuestra sociedad en su fervor popular desde aquellos años, si son un espejo de nuestra realidad o si hemos cambiado nuestra lectura sobre ellas, si su impacto ahora es solo mediático o si está detrás una sociedad comprometida con sus valores y creencias.

La Encuesta Nacional de Religión, Secularización y Laicidad de 2015 (Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM) muestra un dislocamiento de los valores religiosos en las sociedades contemporáneas; es decir, se han relegado a la esfera privada, lo que podría llevar a reflexionar si estas manifestaciones aún tienen el sentido de cuando iniciaron; y si somos capaces de superar ese México profundo y surrealista en plena era de la información y tecnología.

 

Finalmente, al pensar en las dos cintas, podemos recordar lo mencionado por Mircea Eliade: “[l]as religiones son sistemas de interpretación de la vida y de sus misterios con cimientos en la fe. Las religiones pueden ser fuente de nobleza humana, pero también de horror”.

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