Ensayo
May the Fourth be with you: retrospectiva de Star Wars
por Luis Osnaya

4 de mayo de 2017

Este mes se celebran dos fechas importantes para todo aficionado de Star Wars. Hoy se festeja el día oficial de la serie y el próximo 25 de mayo se conmemora el 40 aniversario del lanzamiento del Episodio IV –Una nueva esperanza (George Lucas, 1977). A cuatro décadas de la primera entrega, cada una de las películas que conforman la saga continúan siendo tan populares como en sus estrenos; e incluso la colección completa ha logrado trascender del plano fílmico y convertirse en un fenómeno cultural mundial.

 

Star Wars surgió de un guion ambicioso que George Lucas escribió durante su juventud. En él integró su fascinación por el espacio y la ciencia ficción —que surgió de ver al Flash Gordon de los años treinta—, e incluyó otros elementos que tomó prestados de afición por el cine, de forma particular tres películas: La Fortaleza Escondida (Akira Kurosawa, 1958), Más corazón que odio (John Ford, 1954) y Lawrence de Arabia (David Lean, 1962)

Para sorpresa de George Lucas, las tres películas iniciales, Episodio IV – Una nueva esperanza, Episodio V – El Imperio contraataca y Episodio VI – El regreso del Jedi, fueron un rotundo éxito y algunos han sido consideradas con el tiempo —sobre todo el Episodio V— obras maestras de la ciencia ficción. No fue casualidad. La trilogía original de películas integró a su estructura una serie de elementos de popularidad probada: atmósfera espacial; contienda dispareja entre dos bandos antagónicos (rebeldes e imperio); un escenario y temas del viejo oeste, y hasta elementos de la cultura samurái como homenaje al cine de Kurosawa. A ello debe sumarse la buena química entre los actores principales y su relación como personajes inolvidables en la pantalla: Luke Skywalker (Mark Hamill), Han Solo (Harrison Ford) y Leia Organa (Carrie Fisher).

 

A pesar de este primer éxito —en el que Lucas se apropió de forma exitosa del nombre y marca para su comercialización agresiva—, también ha habido momentos difíciles. La reedición de 1997, por ejemplo, resulta indefendible y originó, entre otras cosas, la controversia “Han shot first” —en referencia a los cambios de la escena en la que el personaje de Han dispara a Greedo dentro de la cantina de Mos Eisley en Tatooine. Este cambio menor, pero molesto para los aficionados, se utilizó posteriormente para descalificar también el resto de las modificaciones de Lucas.

 

La saga de precuelas también ha sido tema recurrente y, en general, de disgusto. George Lucas nunca reflexionó que replantear la estructura fílmica —pese a ser una propuesta e historia completamente original— generaría tantas críticas. No obstante, también las películas han sido reprochadas en la mayoría de las ocasiones injustificadamente. Sí representaron un cambio sustancial, pero no fueron un error. El examen de las precuelas requiere de un análisis autónomo, no necesariamente independiente, respecto a las películas que integran la saga. En este sentido, destacan algunos elementos que las precuelas aportaron a la serie: una historia épica —tema recurrente a finales de los años noventa e inicios del decenio del 2000—, elementos políticos y espirituales no explicados antes (como el Senado de la República y la cultura cuasireligiosa-jedi); y, sobre todo, La Amenaza Fantasma (1999) que espera el momento oportuno para asumir el control y orden de la galaxia y eventualmente lograr La Venganza de los Sith (2005).

Asimismo, resulta admirable el esfuerzo de producción para enseñar la República Galáctica antes de su ocaso y el surgimiento del Imperio, los conflictos entre las facciones internas en El Ataque de Los Clones (2002); así como las dificultades que Anakin Skywalker (Hayden Christensen, Jake Lloyd) tuvo que sortear durante sus aventuras por los caminos de La Fuerza a lado de su mentor Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor), su seducción final al lado oscuro —vía el extermino de la Orden Jedi— y su conversión en Darth Vader: señor oscuro, antagonista y uno de los villanos más emblemáticos del cine y, por tanto, amado igual o más que el resto de los personajes.

 

Y, así, pasaron varios años para que iniciara una tercera etapa de esta gran serie, cuyo comienzo se puede fijar a partir de la adquisición que hizo Disney de Lucasfilm —casa productora y propietaria de la saga, y de todos los productos relacionados con ésta. Si bien hubo oposición sectaria, también hubo notable expectativa. A Disney se le reconoce su esfuerzo para complacer a los aficionados más antiguos, pero también a los nuevos cinéfilos. Y no fue para menos: se proyectó la creación de una nueva trilogía de secuelas a partir del Episodio VII: El despertar de la fuerza (J.J. Abrams, 2015). Y, en diciembre próximo, saldrá el Episodio VIII – Los últimos Jedi (Rian Johnson, 2017) y recientemente se estrenó el nuevo avance. Asimismo, Disney trabaja en otras películas que formarán parte de una antología. La primera fue Rogue One: Una historia de Star Wars (Gareth Edwards; 2016) y para 2018 se lanzará una cinta centrada en la juventud de Han Solo (Phil Lord y Christopher Miller).

 

A diferencia de las películas que le antecedieron, la trilogía de secuelas de Disney no fue diseñada por George Lucas —pese a que éste, como parte de la venta, presentó una propuesta de deseos para esta tercera etapa. De esta forma, la elaboración del guion para el Episodio VII estuvo a cargo de J.J. Abrams (discípulo de Steven Spielberg) y Lawrence Kasdan —quien ya había trabajado en El Imperio Contrataca— sobre un primer esbozo redactado por Michael Arndt —Little Miss Sunshine (2006), Toy Story 3 (2010).

 

El Episodio VII: El Despertar de la Fuerza (2015) se estrenó en 2015. Aunque fue criticada por las semejanzas al Episodio IV —y otras deficiencias en el guion como las escasas referencias al destino de la Nueva República tras la caída del Imperio— representó un parteaguas para la serie. La reinició y potencialmente causará la misma emoción a jóvenes primerizos, como lo hicieron en el pasado las primeras para otras generaciones.

Por otra parte, conviene mencionar que, a pesar de que ya se reconocía al 4 de mayo como el día de Star Wars, no fue sino hasta después de la adquisición que Disney decidió oficializarlo; de manera que también debemos a esta nueva dirección todos los recientes eventos conmemorativos.

 

El futuro de la serie aún es incierto. En el corto plazo tendremos el Episodio VIII en el que aparentemente el equilibrio de la fuerza será un tema central. La película de la antología sobre Han Solo dirigida por Phil Lord y Christopher Miller —sustentada en un guion de Lawrence Kasdan—tendrá matices cómicos, pero respetará el papel carismático de Han Solo como contrabandista, en contraste con el fiasco de “Han Shot first”. Es probable que el Episodio IX (Colin Trevorrow, 2019) concluya  la trilogía de las secuelas y no veamos más por algunos lustros. Hasta entonces, debemos aprovechar el momento, y disfrutar la expectativa que rodea al lanzamiento de cada una de estas películas. El día de Star Wars es el momento idóneo para ello. Conmemoremos el inicio de la saga y sus efectos en varias generaciones pasadas y venideras.

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