Ensayo
Un recuerdo
de maría Félix

10 de abril de 2019

por Joaquín Balancán Aguirre

Este 8 de abril se cumplieron 105 años del natalicio de María Félix, una de las actrices más renombradas de la filmografía nacional y quien es considerada una de las divas del cine mexicano. El inicio de la carrera de María de los Ángeles Félix Güereña fue meteórico, ya que en 1942 estelarizó El peñón de las ánimas (Miguel Zacarías), junto a Jorge Negrete, y al siguiente año grabaría tres cintas más: María Eugenia (Felipe Gregorio Castillo), La china poblana (Fernando Palacios) y Doña Bárbara, ésta última basada en la novela homónima del escritor venezolano Rómulo Gallegos. No sobra mencionar que, en virtud de esta última cinta, además de construirse el mito de la personalidad reacia e impetuosa de María Félix, también adquirió —con sobrada razón— el sobrenombre de "La Doña", el cual es ineludible cuando nos referimos a la estrella nacida en Álamos, Sonora.

Hacia 1946 inició la grabación de una de las cintas más emblemáticas de la cinematografía nacional: Enamorada (de Emilio “El Indio” Fernández) a lado del actor Pedro Armendáriz. Gracias a esta cinta María Félix alcanzó su consagración como actriz, ya que fue reconocida en el ámbito nacional con su primer Premio Ariel y en el plano internacional en varios festivales de cine alrededor del mundo. A esta película se deben también varias asociaciones artísticas que marcaron la carrera de María Félix: por un lado, se encuentra la pareja actoral con Pedro Armendáriz y, por el otro, aunque tal vez de manera más tangencial, la iconografía que logró el fotógrafo Gabriel Figueroa con los primeros planos del rostro de María en Enamorada, que hasta la fecha son las imágenes más emblemáticas de la actriz.

 

En 1947 filmaría La diosa arrodillada (Roberto Gavaldón) y otras dos cintas de Emilio Fernández como son Maclovia y Río escondido, con la que consiguió su segundo Ariel. Impulsada por el éxito de la trilogía de “El Indio” Fernández, María Félix inició su carrera internacional en 1949 con Doña diabla del director español Cesáreo González. Posteriormente se agregarían tres cintas de Rafael Gil: Mare nostrum (1948), Una mujer cualquiera (1950) y La noche del sábado (1950). Al año siguiente filma la coproducción franco-española La corona negra (1951), filme del argentino Luis Saslavsky y donde compartió créditos con los actores italianos: Rossano Brazzi y Vittorio Gassman.

Por estas cintas su fama en el viejo continente se acrecentó y de esta manera llegó a Italia, donde en 1951 realizó los largometrajes Incantessimo tragico y Mesalina​, ambas del cineasta Carmine Gallone. En 1952 realizó la película La pasión desnuda del director argentino Luis César Amadori y regresó a España para filmar Camelia y concluir su relación laboral con Cesáreo González. Hacia 1953 la diva perfilaba su regreso a México para la grabación de la cinta El rapto, dirigida nuevamente por Emilio Fernández, donde compartió créditos de nueva cuenta con Jorge Negrete. Ese mismo año, su boda con este astro del cine mexicano, fue uno de los acontecimientos más relevantes del espectáculo en el país. Sin duda la llamada “boda del siglo” contribuyó a que "La Doña" acrecentara el lugar de privilegio que tenía en el cine nacional y, sobre todo, en el imaginario del público mexicano.

La etapa europea de su carrera concluye con las cintas francesas La Bella Otero (Richard Pottier,1954), Les Héros sont Fatigués (Yves Ciampi,1955), al lado de Yves Montand, y French Cancan (1954) del director francés Jean Renoir; así como la cinta española Faustina (1957) de José Luis Sáenz de Heredia. Entre las décadas de los cincuenta y sesenta María Félix regresa a México para interpretar personajes muy variados y enmarcados en diversos contextos que nos permitieron conocer otras de sus facetas como actriz. Entre esas películas destacan Flor de mayo (Roberto Gavaldón, 1957), con el actor estadounidense Jack Palance, así como los melodramas Miércoles de ceniza (Roberto Gavaldón, 1958), La estrella vacía (Emilio Gómez Muriel, 1958), La fièvre monte à El Pao (Luis Buñuel, 1959) y Amor y sexo (Luis Alcoriza, 1963), cinta donde realiza un desnudo parcial. 

 

Durante esa misma época, "La Doña" interpretó a una serie de mujeres fuertes que se desenvolvían en el marco de la Revolución mexicana en películas como La escondida (Roberto Gavaldón,1955), Canasta de cuentos mexicanos (Julio Bracho,1955), Café Colón (Benito Alazraki, 1958), La cucaracha (Ismael Rodríguez, 1959) —donde alterna por única vez con Dolores del Río— Juana Gallo (Miguel Zacarías, 1960)​, La bandida (Roberto Rodríguez, 1962) y La generala (Juan Ibáñez, 1970), la que sería su última película. Mención aparte merece la cinta: Tizoc (Ismael Rodríguez, 1956) en la que comparte créditos con Pedro Infante. Este filme participó en diversos festivales de cine a nivel internacional y significó el Oso de Plata de Berlín al mejor actor para Infante, el cual se concedió de manera póstuma debido a su trágica muerte. 

 

Hacia 1970 con la telenovela La constitución concluye la carrera actoral de María Félix. Sin embargo, este punto final no hizo sino acrecentar su mito debido a su personalidad rutilante y al lugar de privilegio que siguió manteniendo en la mente de los espectadores hasta su muerte el 8 de abril de 2002. Vale la pena terminar este breve repaso de la carrera de "La Doña" recuperando las palabras del escritor y crítico de cine cubano Guillermo Cabrera Infante quien dijo de ella: “[c]uando surgió María Félix en el mes de abril era, como Afrodita, ya una mujer hecha. Uno de los dones de la Félix es que siempre fue una mujer, nunca nadie la recuerda como una muchacha o una adolescente alta… hasta los manuales de cine americanos la califican de “actriz mexicana de fuerte carácter”. [1] 

El autor es politólogo por la UNAM. Colaborador y amigo de CINEMATÓGRAFO. También ha escrito en el blog de cultura de Nexos.

NOTAS

[1] Guillermo Cabrera Infante, Cine o Sardina, Madrid, Alfaguara, p. 150.

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