Reseña
Margarita
por Carlos Arroyo Batista

8 de agosto de 2019

Margarita quiere que Bruno deje la cámara y salgan a comer quesadillas. Bruno, dudoso, deja la cámara y al parecer decide dejar de grabar a Margarita de una vez por todas. Termina la película. En ese último momento queda claro un estira-y-afloja que está presente en todo el documental: Margarita no parece estar completamente cómoda frente a la cámara (“Tú te quedas ahí parado, grabando. Y yo no tengo comprensión”). En la obra de Santamaría sobre una mujer que vive en la calle en la colonia Del Valle de la Ciudad de México, vemos al mismo tiempo un ejemplo incómodo de ‘pornografía de la pobreza’ y un retrato honesto de la relación conflictiva entre un joven de clase media alta y una señora en situación de calle.  

 

Es difícil definir cuál de las dos facetas de la película tiene más peso: la exotización de la pobreza —siempre conflictiva— o el encuentro de Bruno con una mujer que le parece fascinante. La primera faceta, la definición de Margarita como un “otro”, es clara cuando Bruno le ofrece a Margarita construirle un cuarto de lámina en el techo de su azotea (Margarita responde, indignada, con un no rotundo), cuando se nota incómodo ante la posibilidad de comer una tortilla de las que Margarita guarda en su carrito de ropa y víveres, y en los largos silencios (inaceptables en un interlocutor) que Bruno tiene cada vez que habla con Margarita, los cuales dedica a grabar las expresiones y murmureos de la mujer (Margarita parece padecer paranoia y habla de personalidades múltiples). La propuesta de Bruno de alojar a Margarita en cualquier sitio parece basarse en un entendimiento de que su problema podría corregirse fácilmente (incluso, que él mismo podría corregirlo), mientras que sus pausas en las conversaciones revelan un interés utilitario; no le molesta dejarla sin respuesta, si a cambio obtiene una buena toma. 

 

La segunda faceta, la fascinación honesta, aparece cuando Bruno permite que Margarita le tiña el pelo, cuando ven juntos la única película en la que Margarita actuó de joven y, al parecer, cuando por fin suelta la cámara para salir a comer quesadillas. El director también ha explicado que conoce a Margarita desde niño, y ha admitido que su manejo de la cámara es invasivo.[1] Esta aceptación no hace menos cuestionable la insistencia de grabar a Margarita en momentos en que ella no parece saber qué está pasando (cuando Bruno le dice que guardará su cámara, al final de la película, se mete a su casa para grabarla desde la ventana, aparentemente sin su consentimiento). Pero sí convierte al documental en un retrato honesto de la incomodidad que acompaña la fascinación de Bruno. Él incluso admite sus pasos en falso y lo difícil que es para él relacionarse con los problemas de Margarita: “A veces, cuando hablo contigo, me siento muy tonto”. La película es tanto sobre Margarita como sobre la fascinación de Bruno y su intento por conocerla.

Santamaría recuerda a Oscar Lewis y su acercamiento a Los hijos de Sánchez (1962), en su intento por capturar la vida y la “psicología” de las clases bajas de la ciudad de México.[2] Excepto que, en Margarita, Santamaría no se acerca a la vida de una colonia tradicionalmente proletaria, sino a quien vive en la calle en una colonia de clase media. El encuentro de clases entre Margarita y Bruno se hace doblemente interesante cuando descubrimos que Margarita creció como parte de la misma clase media alta a la que pertenece Bruno, lo que la llevó a actuar en la película Eva y Darío (Sergio Véjar, 1973) como primera actriz (el director era su tío). La manera en que Margarita lleva el origen de clase consigo hace eco con el documental famoso Grey Gardens (Albert y David Maysles, 1976) sobre las parientes de Jackie Kennedy, Edith y Edie Bouvier, en su casa decadente de los Hamptons. Margarita preserva el orgullo de haber pertenecido a algo (por eso rechaza la oferta del cuarto de lámina) como las Bouvier se regocijan en nostalgia antes que aceptar que viven entre plagas y sólo comen de latas.

La locura es un tema recurrente en el documental (igual que en Grey Gardens). Margarita se habla a sí misma constantemente, parece creer en el poder del decreto para mantener alejada a la policía y hace afirmaciones agudas sobre la realidad que se acercan al trastorno esquizofrénico. Cuando pregunta a Bruno si él alguna vez tiene alucinaciones, Margarita cuenta alguna vez haberse asomado por la ventana de su casa, de niña, y haber visto a su otro yo acercarse a la puerta (“un yo con todas las cosas que no le gustan a uno”). Cuando habla de verse a sí misma en la pantalla, habla de la imagen estilizada que uno percibe de sí mismo y de otros, en contraste con la imagen “mundana”, mucho más fea y, por lo mismo, más real. Los yos que habitan en uno recuerdan a El Resplandor (1980) de Stanley Kubrick: It’s the little boy that lives in my mouth.  

Creo que Margarita también es sobre la nostalgia y la decadencia. En el fragmento de Eva y Darío que aparece en la película hay dos jóvenes, Margarita y su coestrella, que pasean por unas ruinas abandonadas, haciendo grafitis y recitando fragmentos de Hamlet. Margarita (Vania es su nombre artístico) es joven y guapa, pero podemos reconocer su nariz (que Bruno describe como respingada en otra escena). Es chocante contrastar este fragmento con las imágenes de Margarita en las escaleras de la Parroquia del Purísimo Corazón de María (donde duerme actualmente), su cara oculta detrás del maquillaje exagerado.

No tengo una respuesta para decir si es aceptable o no grabar a una persona que no parece estar completamente segura de lo que está pasando a su alrededor (parecían hacer lo mismo los hermanos Maysles). Pero tampoco sé cómo respondió Margarita cuando el director le describió el proyecto. Cuando, después de ver Eva y Darío, Margarita le sugiere a Bruno que deberían hacer otra película, Bruno le responde que ya la están haciendo. Margarita se ve desconcertada y a la vez desilusionada de que la película actual pudiera ser tan diferente de la que hizo en 1973. Según Milenio, Margarita no prestó mucho interés al documental cuando lo vio terminado.[3] No sabemos qué encontró ahí. 

El autor estudió Relaciones Internacionales en El Colegio de México y es fan reciente de Paul Auster.

NOTAS Y REFERENCIAS

[1] Elías Leonardo, “Margarita, el retrato de una amistad chilanga frente y detrás de cámaras”, Chilango, 8 de julio de 2019, consultado el 3 de agosto de 2019 en: https://www.chilango.com/cine-y-tv/documental-margarita/

[2] Lewis ha sido criticado por su argumento de la “cultura de la pobreza”, que explica la pobreza de la gente con base en sus ideas y comportamiento. Véase Emilio de Antuñano, “Mexico City as an Urban Laboratory: Oscar Lewis, the ‘Culture of Poverty’, and the Transnational History of the Slum”, Journal of Urban History [en línea, sin publicar, DOI: 0096144218768501], 2019, pp. 1-18.

[3] Cristóbal Sandoval, “La cinta ‘Margarita’ llega a los cines tres años después”, Milenio, 2 de julio de 2019, consultado el 3 de agosto de 2019 en: https://www.milenio.com/espectaculos/cine/margarita-llega-cineteca-documental-bruno-santamaria

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