Reseña
J’accuse

por Rogelio Alcántara

20 de marzo de 2020

Hubiese preferido que fuese culpable,

porque la vida sería mucho más fácil. 

Georges Picquart

 

La última realización del director polaco Roman Polanski inicia con la escena de degradación de Alfred Dreyfus del sábado 5 de enero de 1895 en el patio principal de la Escuela Militar en la Place Fontenoy. Al acusado le retiraron los honores al quebrarle la "espada" en nombre el pueblo de Francia. A la escena acudieron hombres del ejército, diplomáticos, periodistas, y detrás de las rejas, un grupo de curiosos gritones que ambientaban con un ¡muerte al judío! En esta primera escena, la cámara va apuntando a quien será el héroe y narrador de la historia, el coronel Picquart interpretado por Jean Dujardin. Son sus andares los que el director dispuso para narrar el capítulo de una de las injusticias más reveladoras del siglo XX. La mirada no es del acusado sino del justiciero…

Si bien el episodio de la falsa acusación antisemita del general judío tiene gran cantidad de interpretaciones y escenificaciones, la decisión del director fue darle vida al proceso burocrático de fabricación de inocencia. Es una historia de archivos, papeles, cartas y reuniones con militares. El director expone lo que correspondía a la tarea de inteligencia al final del siglo XIX: el tratamiento de los papeles en escritorios de madera al interior de cuartos de techos elevado y luces sombrías. La otra particularidad son las vestimentas de los trabajadores de la armada, los bigotes pronunciados, los saludos de jerarquías y, sobre todo, las órdenes incontestables. El coronel Picquart se encuentra con un documento que probaría la inocencia de Dreyfus, quien fuera culpado en lugar del comandante Esterhazy. Ahí empieza su juego por avanzar en la investigación cuyos horizontes de posibilidades dependen de la verticalidad autoritaria de las jerarquías de los consejeros, generales, comandantes, coroneles y capitanes. Es esta misma rigidez la que paradójicamente traduce los valores, ideas y emociones de los personajes. No es que haya buenos y malos, al contrario, casi todos son antisemitas, incluido Picquart. Solo que cada quien hace lo que le corresponde o debe.

Así, Picquart es nombrado jefe de inteligencia a pesar de su corta edad. Al entrar a su nueva oficina se da cuenta del desarreglo del edificio, del olor a cloaca y de la poca seriedad. No puede abrir la ventana para dejar entrar la luz; quizá porque no tiene la llave, quizá porque esa ventana no tiene por qué abrirse. En ambos casos, es lo mismo. La investigación se ve en las escenas de manos que agarran las hojas de los archivos y el ruido que producen. La verdad depende de reconocer la letra del acusado y para eso se necesita a un grafólogo. Ese personaje que ya no existe, porque la grafología es ahora técnica que dejó de ser arte, y que en el caso Dreyfus, resultó ser cómplice de la mentira.

J’accuse es una película ajena a aquellas de grandes proezas de cámara. No es muestra de tomas dinámicas e imposibles. Al contrario, la cámara permanece más bien inmóvil, haciendo pequeñas correcciones para centrar a los personajes. Muchos de los actores pertenecen al teatro –La Comédie française—, por lo cual es el ritmo de la historia que dicta el ritmo de la película, y no tanto la fotografía. Hay una persecución, una fabricación y una investigación que se desenvuelve.

Es imposible pensar la “última película de Polanski” sin pensar en su entorno, en su tiempo y su mundo. No creo que sea tanto un lejano eco del escandaloso caso Dreyfus sino más bien una réplica del caso Polanski. La cuestión es contar la historia de un judío –como el pianista. Importa, entonces, lo que se puede pensar a partir de esto. J’accuse es la historia del juicio de un inocente. 

La primera de las pistas es la acusación de Polanski por violación a menores. Fue en ese marco que se recibió a la película ganando premios —como el festival de Venecia— y ganándose censura y protesta. Hace unos días, un grupo avivado se manifestó por la premiación de Polanski como mejor director por los premios César, los "Óscares franceses". Al escuchar el nombre del polaco, la actriz Adèle Haenel se retiró del recinto exclamando "qu’elle honte!" (¡qué vergüenza!) Ella misma se ha pronunciado recriminando el buen trato que ha recibido Polanski: "querían separar al hombre del artista, pero lo que hacen es separar al artista del mundo". Aunque en México hay la posibilidad de verla, en Estados Unidos, el mercado más grande del cine, se prohibió su reproducción. Del otro lado, Polanski rechaza toda entrevista que quiera tratar el tema de las acusaciones en su contra. El director de 86 años ha rechazado que Dreyfus lo represente. También aseguró que todo lo que se dice en su contra es una maraña de mentiras. Hay victima, víctimas, acusado, justicieros, violadas y condenado. Cada personaje hace su juego, cada quien hace lo que corresponde o debe. 

El Picquart de Dreyfus (Polanski) es un personaje heroico en tanto busca la justicia como compromiso personal. Es un héroe individual y solitario. Como se ve en la película, es él quien debe cuidarse las espaldas, ver el retrovisor, asomarse por la ventana y golpear a un involucrado que lo increpa sobre la calle. Es un personaje autosuficiente en sus emociones y acciones a pesar de tener de frente al aparato de la armada francesa. Picquart es como un caballero: noble, coherente, valiente y estratégico. El coronel es un personaje que actúa anónimamente por convicción, bajo la ilusión de que la justicia debe ser justa y que la solidaridad es más deber que gusto. En su contexto de hace más de un siglo, la fabricación de la verdad podía darse en el contexto de un arduo trabajo de espionaje; actualmente, todo depende más del uso de medios digitales. Así como ahora hay héroes que se encargan de revelar y publicar escenas de las atrocidades que la armada estadounidense realiza con poblaciones civiles, Picquart es la representación de ese héroe moderno, anónimo e impersonal. Después de la liberación de Dreyfus, los dos hombres sólo se vieron las caras una sola vez.

 

Hay una escena en que un superior de Picquart advierte que no quiere que se repita otro caso Dreyfus. Picquart responde que no será otro caso Dreyfus puesto que es el mismo. Polanski se contradice, puesto que, al negarse ser Dreyfus, revela que por supuesto que lo es. La diferencia más notable es que a diferencia de Alfred Dreyfus, Roman Polanski sí es técnicamente culpable. A los ojos de la verdad pública, no hay manera, ni posibilidad de fabricar su inocencia. De ahí que Polanski no tenga un Picquart que se encargue de absolverlo. No hay abogado que pueda lograr tal proeza. Por eso Picquart es un héroe, un ideal que no existe y quizá no volverá a existir. J’accuse es esa forma cultural de una defensa simbólica de un inocente o culpable —es lo mismo— que no puede usar los discursos legítimamente aceptables para defenderse.

El lenguaje cinematográfico no produce verdad, no es la técnica que consideramos válida. Es sólo una película. Y es que Polanski no tiene instancia jurídica a la cual acudir, no tiene voz jurídica, lo redujeron a la artística —el hombre en arte. De hecho, para Occidente, Polanski es hoy en día un prófugo de la justicia y al mismo tiempo un artista premiado. La industria del cine que lo censura y lo cancela, también lo premia. De tal manera que es un violador al mismo tiempo que un director de cine. Y en esto tiene totalmente razón Haenel: "querían separar al hombre del artista, pero lo que hacen es separar al artista del mundo". 

Quizá esta sea una pista para pensar el lugar del artista y las lógicas de la industria cultural. Es cierto que se prohibió su distribución para evitar pérdidas económicas; es cierto que Polanski fue declarado culpable por la justicia. La hipocresía permea siempre, de todos lados y en todo momento. Por eso el juicio no aparenta, sino que siempre es teatral. Vale la pena, en ese sentido también, ver J’accuse, a mis ojos, la destacable contestación cinematográfica de un artista condenado.

El autor estudió la licenciatura en Política y Administración Pública en El Colegio de México. Fundador y miembro del Coloquio de las Ratas, pódcast de conversaciones y entrevistas.

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