Reseña
IT. Capítulo dos
por Pablo Andrade

20 de septiembre de 2019

Hace dos años el director Andy Muschietti trajo a la pantalla grande una nueva adaptación de la famosa novela de Stephen King It, que ya había sido adaptada en una miniserie a principios de los años noventa; y que, dicho sea de paso, entró en la antología del terror de muchas personas de mi generación. La película de Muschietti, titulada también It (2017) —"capítulo uno"—, sorprendió a propios y extraños con su visión de esta fábula en la que una entidad malévola aterroriza a los niños de un pueblo llamado Derry. En su película, el famoso payaso Pennywise —forma con la que la entidad se materializa ante sus víctimas— funciona como un símbolo de los aspectos negativos con los que muchos niños tienen que crecer el mundo: la violencia, el abuso sexual, la represión de los adultos, el bullying, entre otros. El resultado fue realmente positivo y tuvimos una película de terror sólida que se interesaba por sus personajes y respetaba la inteligencia del público.  

Este año llega It. Capítulo dos nuevamente con Muschietti tras las riendas y con un reparto más que destacable encabezado por el intimidante Bill Skarsgard, en el papel del payaso Pennywise, y por actores como James McAvoy, Jessica Chastain y Bill Hader. Las apuestas eran altas y las posibilidades de contar una buena historia con los protagonistas en una nueva etapa de su vida eran muy interesantes. Sin embargo, Muschietti se equivoca con una secuela que ofrece muy poco, que desaprovecha a sus personajes y falla a la hora de ser fiel a una visión que sí existía en la primera parte y se rinde a las imposiciones de una producción que estaba más interesada en hacer del capitulo dos un producto inofensivo —casi como de cajita feliz de McDonald's— y así poder sacar todo el dinero posible del público.

Después de lo visto en la primera película, It. Capítulo dos se presentaba como la oportunidad de explorar la vida adulta de los niños protagonistas de la cinta anterior. En ese sentido, así como el capítulo uno estaba centrado en los aspectos aterradores de crecer en un entorno poco favorable, esta nueva entrega presumiblemente iba a enfocarse en las huellas que una infancia terrible puede dejar en la vida de un individuo y en los miedos latentes que perviven hasta la adultez. Aunque se puede decir que el primer acto de esta secuela se trata de eso, el resto rápidamente se desinfla en una película repetitiva hasta el cansancio, que no deja evolucionar a sus personajes y a la que se le nota por todas partes que pasó por el cuchillo de la censura.

De todos estos elementos me gustaría hacer hincapié en el mal desarrollo de los personajes. Este fallo pasa por la necedad de querer mostrar a los niños protagonistas de la primera parte a cada oportunidad a manera de flashbacks lo que impide que sus versiones adultas se desarrollen y acaban por ser todos unas caricaturas; apenas un esbozo de personajes, lo que sin duda contrasta con lo bien dibujados que estaban todos los personajes en la primera cinta. 


Es entendible que tanto el director cuanto los productores quisieran rescatar el carisma y la química del grupo de actores que interpretaron los jóvenes losers; sin embargo, con ello solo lograron dos cosas: hacer una película de casi tres horas de duración tremendamente reiterativa y aburrida —ya es la segunda con esas características en la temporada si tomamos en cuenta la muy sobrevalorada Once Upon a Time in Hollywood de Quentin Tarantino—; y, además, desprovee a los personajes adultos de motivaciones propias que impulsen la película. En ese tenor, no sobra decir que sorprende lo desaprovechados que están tanto McAvoy como Chastain en dos papeles que deben ser de lo más insulso de sus respectivas carreras. 

Pero si hay un personaje desaprovechado en esta película ese es el villano principal: Pennywise, el payaso. Solamente hay una secuencia en toda la película donde se le hace justicia al heredero del linaje Skarsgard y es precisamente la mejor de todo el filme: una escena, muy breve, en la que el terrible payaso asesino se le aparece a una niña escondido entre las gradas de un estadio escolar. Tanto la interpretación de Skarsgard como la dirección de Muschietti se combinan para regalarnos unos minutos de terror puro. Pero nada más. El resto de la película se pierde en una nadería que sorprende pues da la sensación de que hubiera sido hecha sin una gota de pasión y con el tiempo encima. 

Recientemente Muschietti ha dicho que están preparando el capítulo tres de esta saga. Si es como el segundo mejor dejar al payaso Pennywise enterrado en su tumba para siempre. 

El autor forma parte del equipo editorial de CINEMATÓGRAFO.

Lee la reseña de IT. capítulo uno

 

 

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