Reseña
Historia de un matrimonio
por Jaime Vigna

10 de diciembre de 2019

La reseña contiene spoilers. 

Historia de un matrimonio de Noah Baumbach se atreve a retratar, en toda su complejidad y crudeza, el ocaso de una relación de pareja. Es una película sobre las emociones que acompañan este tipo de separaciones: el enojo, la tristeza, la frustración, la melancolía, el resentimiento, la incertidumbre y, sobre todo, el amor. No sólo el amor hacia el hijo compartido, sino el amor que, a pesar de las circunstancias, existió y seguirá existiendo entre dos personas que, en algún punto de su historia, se amaron profundamente y soñaron con construir una vida juntos.

Los minutos iniciales de la cinta son trascendentales para el posterior desarrollo de la historia. En ellos, el espectador escucha, de voz de los protagonistas, cómo se refieren a las cualidades del otro como pareja y padre. Estos primeros minutos nos muestran lo mejor de cada uno de ellos. Conocemos, de voz de Charlie, sobre la calidez, el talento y la amorosa forma en que Nicole juega con su hijo. Conocemos, de voz de Nicole, sobre la tenacidad, disciplina y devoción con la que Charlie desempeña su papel de padre. 

 

En esta secuencia inicial, Baumbach construye una narrativa que nos permite comprender por qué, a pesar de sus diferencias, estas personas decidieron construir una vida juntos.  Con este antecedente, la narración se adentra en el proceso de separación en el que prevalecen otro tipo de sentimientos, como el enojo, el dolor o el resentimiento. La cinta de Baumbach no tiene reparos en reflejar la paulatina aceleración de estas emociones y en señalar cómo múltiples factores exógenos —desde situaciones económicas y laborales hasta el involucramiento de las familias y los abogados— terminan incidiendo de forma determinante en el curso que van tomando los acontecimientos. 

 

El clímax de estas emociones y tensiones acumuladas lleva a una extraordinaria secuencia que, en contraposición a la inicial, nos muestra lo peor de una pareja que conoce los puntos débiles del otro y que los ataca sin consideración. Es una secuencia brutal, de una violencia tremenda, que sirve como punto de quiebre no sólo para los personajes, sino para la propia cinta.

 

Aunque Baumbach nos da ciertas pistas que nos permiten dilucidar cuáles fueron las razones  o los factores que provocaron la separación, este elemento no es prioritario para el desarrollo de la película. Uno de los aciertos de la Historia de un matrimonio es que, precisamente, no permite que el espectador caiga en el juego de elección de bandos. En esta separación, como en muchas otras, no hay buenos ni malos, sino simplemente el deseo, siempre legítimo, que tiene una de las partes de no seguir en la misma.

 

La cinta no sería posible sin el extraordinario trabajo actoral de sus protagonistas. Scarlett Johansson, la actriz mejor pagada del mundo y una de las más populares, interpreta a Nicole. Johansson es una actriz tremendamente versátil, con la inusual habilidad de brincar de propuestas meramente comerciales a proyectos mucho más arriesgadas, y un olfato impecable, que le permite alternar cintas de drama, comedia, infantiles y acción sin encasillarse en roles o papeles determinados. En comparación con Johansson, quien lleva ya prácticamente dos décadas siendo una actriz ampliamente reconocida, Adam Driver es un actor relativamente nuevo para el ojo publico, pero que ha demostrado talento y la capacidad para seleccionar buenos roles en películas claves. 

Johansson y Driver asumen la complejidad de los roles que están interpretando y los llenan de sutiles guiños que permiten que el espectador empatice con sus personajes y se sienta parte de la intimidad de esta pequeña familia en pleno proceso de transformación. Es imposible no sentirse conmovido por los esfuerzos de Charlie por encontrar un canal de comunicación con un hijo al que percibe cada vez más distante o por la valentía de Nicole de reconocer que era infeliz con la vida que había construido la familia en Nueva York. 

 

El trabajo de los protagonistas se complementa con unos magníficos actores de reparto que se utilizan, muy adecuadamente, tanto para relajar la tensión de la cinta, como para generar puntos de inflexión en la historia. El caso de Nora Fanshaw, la abogada que elige Nicole para representarla en su caso es el más importante, ya que representa el inicio del proceso de divorcio, con todas las implicaciones que conlleva para toda la familia. Fanshaw es interpretada por una impecable Laura Dern, quien tiene uno de los monólogos más profundos e interesantes de la cinta (sobre las desmedidas exigencias que se exigen a las madres en nuestras sociedades occidentales).

La familia de Nicole sirve como una válvula de escape para reducir la tensión de la cinta y como ejemplo de los efectos colaterales que tienen estos rompimientos en las familias extendidas (abuelos, tíos, primos…). Es particularmente conmovedor ver cómo afecta la separación a la muy buena relación que tiene Adam con la familia de su esposa (especialmente con su suegra) y, más aún, cuando se menciona los esfuerzos económicos que tiene que hacer la madre de Nicole para costear los crecientes gastos del divorcio.

Otro elemento que la cinta denuncia de manera muy eficaz es la rapacidad del sistema legal, específicamente en el caso de los divorcios. Aunque la cinta se desarrolla en Estados Unidos (en donde el sistema legal es particularmente voraz), es indudable que es un mal que se replica en prácticamente todo el mundo. El divorcio termina siendo un rentable negocio para unos cuantos quienes, en aras del beneficio propio y de una competitividad enfermiza, terminan destrozando vidas y familias enteras, sin ningún tipo de piedad ni remordimiento.

Una de las principales conclusiones de la cinta es que, a pesar del complejísimo proceso emocional que se atraviesa y de un sistema legal expresamente diseñado para enfrentar a muerte a las contrapartes, es posible terminar esta dolorosa etapa sin destruir lo más importante: la armonía y la felicidad de una familia que, a pesar de no estar junta, nunca dejará de serlo. 

La secuencia final de la película tiene un detalle muy sutil, pero poderoso, que lo ejemplifica maravillosamente. Tras una fiesta de disfraces a la que acude toda la familia (incluida la nueva pareja de Nicole), Charlie se despide con Henry dormido en brazos. Mientras camina hacia su vehículo, Nicole observa que Charlie tiene la cinta de uno de sus zapatos desabrochada. Nicole corre, le amarra la cinta y se despide. El gesto de intimidad es maravilloso, ejemplo claro de que la esencia de esa familia, el amor y el apoyo mutuo, no desapareció con el divorcio.

El autor es internacionalista, historiador, diplomático y cinéfilo. Colaborador y amigo de CINEMATÓGRAFO. Es subdirector del Instituto Cultural de México en España.

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