Reseñas
Hasta los dientes
por Pablo Andrade

12 de septiembre de 2018

Durante la noche del 19 de marzo del año 2010, Javier Francisco Arredondo y Jorge Antonio Mercado Alonso, estudiantes del Tec de Monterrey, fueron brutalmente asesinados por militares mexicanos, quienes posteriormente manipularon la escena del crimen para hacer pasar a los estudiantes como integrantes de organizaciones criminales que iban armados “hasta los dientes”. El caso se mediatizó evitando que las identidades de las víctimas fueran difuminadas y pasaran a engrosar la lista de desaparecidos, que supera los 34 mil nombres en México. Hoy los padres y familiares de los estudiantes asesinados continúan con una lucha para que la verdad salga a la luz y la justicia sea impartida; durante su largo viaje se han enfrentado a ninguneos institucionales, así como a la indiferencia y la falta de voluntad política para resolver un caso que, sin duda, es muy similar a otros miles en un país que vive una profunda crisis de derechos humanos y que ha cosechado más de 200 mil muertos en poco más de diez años de militarización y de combate frontal a las organizaciones criminales. Hasta los dientes (2018) es la historia de esta lucha de la sociedad civil por dar con la verdad y un ejercicio de memoria encomiable brillantemente ejecutada por el joven realizador Alberto Arnaut.

 

Tuve la oportunidad de ver la película de Alberto en una presentación especial en la Cineteca Nacional antes de su estreno en salas comerciales. Él estaba presente y al finalizar la proyección comentó que la intención detrás de documental era detonar procesos de verdad y de memoria; que la sociedad se enterara de quiénes eran los estudiantes asesinados y que su historia no se perdiera en el olvido. Él mismo había conocido a uno de ellos en el pueblo de Todos Santos, Baja California Sur, durante las visitas que realizaba para ver a su abuela. Su asesinato le impactó profundamente y decidió hacer este documental algunos años después. Para mí, el filme de Alberto es una prueba contundente de cómo el cine puede ser una herramienta útil para contar estas historias que se han ido perdiendo en el silencio oficial y que pueden encontrar en el séptimo arte un reducto para llegar a más personas y para construir una narrativa alternativa, que ponga en el centro a las víctimas, del horror que vivimos cotidianamente.

 

Dentro de las muchas virtudes del documental —entre las que podemos destacar una edición impecable que imprime un ritmo vertiginoso— creo que la más importante es precisamente que la historia está contada desde la perspectiva de las víctimas. En los momentos más importantes del filme, los que más quedan grabados en la retina del espectador, están presentes los familiares de Javier y Jorge narrando los hechos desde sus recuerdos y dando la batalla día tras día para obtener justicia y verdad. Películas como esta son necesarias para entender la realidad que vivimos y, lo que es más importante, para generar retóricas nuevas en las que la voz de aquellos que han sido silenciados sean escuchadas e integradas a un relato que pertenezca a la gente, a la sociedad civil, principal víctima de la violencia en México.

Por otro lado, el documental cuestiona nuevamente la eficacia del uso de las fuerzas armadas para combatir a las organizaciones criminales, exponiendo un caso donde militares actúan con total impunidad y en perjuicio de los derechos humanos. Tal vez, esto se haya visto y leído ya muchas veces; sin embargo, esta nueva crítica resulta muy pertinente en un momento de la historia del país en el que ya se ha aprobado una Ley de seguridad Interior que legitima la presencia del ejército en las calles y en el que el gobierno entrante parece haber reculado en su idea de probar nuevas estrategias para combatir la violencia. 

Hasta los dientes, de Alberto Arnaut, se exhibe actualmente en cines comerciales. Sin duda, es una película que todos los mexicanos debemos ver en este mes de celebración nacionalista y a pocos días de que conmemore un año más de la masacre cometida contra los estudiantes en la plaza de Tlatelolco. Cine para generar conciencia social, cine para la memoria.

 

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