TELEVISIÓN

Hold up, they don't love you like I love you

Slow down, they don't love you like I love you

Beyoncé

Y la chica palidece ante luces neón y música pop sacada de una playlist moderna. Su monólogo, perfectamente ejecutado, remite al vacío existencial de un adolescente que se rehúsa a convertirse en un adulto; a pesar de que constantemente juega a ser uno, con las drogas, el sexo y el sentido de falso nihilismo —de alguien que sabe, a ciencia cierta, que se puede resguardar bajo un techo perteneciente a su familia de clase media alta. Es el falso nihilismo y la inmadurez enmarcadas por letras de rap y hip-hop que celebran la violencia y el exceso. La chica, sin embargo, parece no percatarse de las contrariedades cuando habla sobre la depresión, la muerte y el estado de ineficiencia mental al que ella misma se somete. Recuerda su niñez con melancolía, por los tiempos en que las drogas no significaban un escape hacia un universo alterno —donde es mejor enfrascarse en pensamientos destructivos en lugar de buscar ayuda. Ella es Rue. Tiene 17 años y se declara drogadicta ante un grupo de ayuda: cuenta su historia y la de sus amigos y familiares con su dulce voz, que de vez en cuando se raspa cada que un sórdido evento tiene lugar en su relato. Y en ese momento se presenta un punto de inflexión, y nuestra mirada eternamente condescendiente, donde no dejábamos de juzgar a una niña que —a ojos ajenos— simplemente se ahogaba en un vaso de agua, se transforma: ahora vemos a un complejo ser de disimiles dimensiones, que desde pequeña batalla contra un trastorno obsesivo compulsivo y encuentra, en el milagro de la medicina moderna, un alivio que da descanso a su inagotable cerebro. Y sólo estamos comenzando.  

I'll find some crowded avenue

Though it will be empty without you

Andy Williams

Reseña
EUPHORIA
LA EUFORIA DEL NIHILISMO POP: UN ENSAYO

Año: 2019 —

Creador: Sam Levinson

Director: Sam Levinson, Augustine Frizzell, Jennifer Morrison y Pippa Bianco 

Guión: Sam Levinson basado en la serie de televisión israelí Euphoria de Ron Leshem y Tmira Yardeni.

Elenco: Zendaya, Maude Apatow, Angus Cloud, Eric Dane, Alexa Demie, Jacob Elordi, Barbie Ferreira, Nika King, Storm Reid, Hunter Schafer, Algee Smith, Sydney Sweeney 

Fotografía: Marcell Rév, Drew Daniels, Adam Newport-Berra y André Chemetoff

Transmisión inicial: HBO

21 de agosto de 2019

por Leonardo Olmos

La imagen pertenece al inicio de Euphoria, la reciente serie de televisión creada por Sam Levinson —director de Assassination Nation (EE.UU., 2018)—, transmitida por el canal de paga HBO y producida por el estudio A24. En un experimento de formalidad cinematográfica que parece tomar ventaja de las narrativas episódicas para adolescentes que distintas plataformas ofrecen en su menú. Ya no pensemos en el auge de la televisión para niños que Disney Channel despertó —de donde surge Zendaya, la protagonista de esta serie—, sino en las nuevas historias como 13 Reasons Why (Brian Yorkey, 2017) o Chilling Adventures of Sabrina (Roberto Aguirre-Sacasa, 2018) en Netflix, que en sus respectivos géneros trataban de hablar de una manera más frontal a su público objetivo. Aquellas series, y otras más, direccionaban la historia de sus personajes a temas de soledad y salud mental, con dejos de alerta para que los despistados padres —que terminaban viendo los capítulos con sus hijos— pudieran identificar en ellos síntomas de alguna condición psicológica o abuso de narcóticos. Apunto esto no como un subrayado cínico sobre la condescendiente moralidad con que los escritores construyen sus guiones, sino como apoyo para entender el incipiente éxito de estos programas.

That's where the pain comes in

Like a second skeleton

Trying to fit beneath the skin

I can't fit the feelings in

Fiona Apple

Y, sin embargo, en Euphoria la imagen de Rue se queda quieta, Zendaya voltea directo a cámara e imagina el asesinato en mano propia del acosador de su mejor amiga. Y aquella imagen brilla: un chico menor de edad atado a una silla, envuelto en llamas y gritando horrorizado. Varias balas disfrazan su alarido. Y este apunte, de nuevo, no sirve como subrayado cínico para resaltar el hiperrealismo de la serie de HBO, contrastado con el edulcorado universo fantástico de los programas antes mencionados, sino como antesala al siguiente intento de listado, donde escribo las posibles virtudes de los realizadores de Euphoria: entre otras cosas, se ponen en los zapatos de esos enojados adolescentes, deliberadamente llevando la contraria. Y yo lo hago en este ensayo al puro estilo de Sam Levinson… el aspect ratio se cambia al 1.66:1 europeo y la textura digital se endurece con un 16 mm:

—INICIA—

Se trata de un trabajo tan mentalmente imprudente como el de su protagonista, donde su cinematografía compone imágenes que retan al ojo y su hipnotizante iluminación neón usualmente enciende los ángulos menos atractivos de sus sujetos. Aunado a ello está el tratamiento de cada uno de los personajes que pasan a través de la cámara de Levinson. Si bien, con un casting perfectamente diversificado que apela a las exigencias contemporáneas, los personajes no son completamente “queribles”, ni representan los valores de la comunidad o minoría a la que interpretan.

—CAMBIO DE DIAPOSITIVA—

El “riesgo” aumenta cuando los elementos gráficos se presentan sin censura. Es HBO. Game of Thrones nos ha acostumbrado, pero también es la primera serie del canal donde el público objetivo son adolescentes de preparatoria. No mencionemos solamente el sexo explícito, los “inusuales” desnudos frontales masculinos, el consumo de drogas, pensamientos suicidas recurrentes y la violencia que he descrito más arriba, hablemos del niño de 12 años vendiendo drogas con su hermano mayor, de la exploración franca sobre la pornografía infantil, abuso de género, violaciones, homosexualidad escondida en el matrimonio heterosexual, y los encuentros de ese hombre de familia con transexuales en moteles fuera de los suburbios. Para alguien acostumbrado a la programación madura que ofrece el canal de paga, estos ejemplos son más del montón, pero resulta interesante analizarlo pensando en el recibimiento que puede tener en su público: quizá más agradecido por la franqueza a la hora de aproximarse a temas duros. O tal vez resulte en una experiencia más ajena, por el posible pudor que pueda provocar —puesto que nadie sale precisamente bien librado dentro de la sórdida historia de high school.

—CAMBIO DE DIAPOSITIVA—

Y no digo que sea ni la primera serie o producción audiovisual que se ponga rapaz con temas para adultos jóvenes, pero una cosa cambia de verdad: su bagaje fílmico. Y el nicho se cierra, quizá, pero capitulo a capitulo la minuciosa construcción de sus escenarios a través de experimentales movimientos de cámara y momentos musicales, más cercanos al cine de Léos Carax que al de, dígamos, Damien Chazelle; por supuesto que terminan por contar una historia abismalmente distinta a la de una joven bruja que no quiere crecer. Curiosamente el fin acá es el mismo: nadie quiere crecer, ni siquiera los adultos, y la sordidez con que el espectador presencia tan inmaduro espectáculo sólo lo hace más incómodo. De nuevo, lejos de pertenecer a universos narrativos fantásticos creados en años recientes, Euphoria se remonta a finales del siglo pasado, para educarse con el cine de Larry Clark, Harmony Korine y Gus Van Sant; no sin antes vestir a sus chicos como otros personajes de películas de Abel Ferrara o mostrar a una chica obsesionada con Sharon Stone en Casino (1995) de Martin Scorsese, o incluso remontándose más atrás para tomar el simbolismo oculto del cine de Kenneth Anger.

Mother will never understand why you had to leave

But the answers you seek will never be found at home

The love that you need will never be found at home

Bronski Beat

—LA IMAGEN REGRESA A SU NATIVO DIGITAL, SE LLENA LA PANTALLA—

Euphoria es ensayo formal y referente fílmico: cuando se muda al celuloide para abrir un paréntesis, cuando cierra su cuadro para manipular un sentimiento. Es un adolescente que lleva la contraria, justo en un momento en que la televisión deja su formato episódico para convertirse en filmes de extra-larga duración y en su lugar regresa a la naturaleza transitoria, para centrar su historia en algún personaje en particular. Es un niño grandote terco que busca diversificar sus historias, dándole un lugar a distintas minorías; pero que logra complejizarlas como verdaderos humanos. No crea marcos de inherente bondad alrededor de ellos, sino muestra que todo el mundo puede guardar rencor y odio en su ser, para después liberarlo a través de la violencia, en cualquiera de sus formas. Euphoria representa un pequeño cambio en la televisión joven. No sólo por el canal que se aventura a contar nuevas historias, sino por su propia inconformidad a la hora de hablar directo a cámara, lanzando sentimientos y mensajes ambiguos; y pecando, quizá, de confiar en que su audiencia hará un trabajo extra al procesar las imágenes. Al igual que Rue (Zendaya) en uno de sus ataques maniacos, la serie aterriza su pensamiento obsesivo en terrenos frágiles, para después reflexionar depresivamente sobre lo turbia que puede llegar a ser la vida, incluso si tienes 17 años y sigues viviendo con tus padres.

El autor es cineasta. Tiene estudios en Negocios, Artes Cinematográficas y Televisivas por la Asociación Mexicana de Cineastas Independientes (AMCI). Colaborador y amigo de CINEMATÓGRAFO. También escribe sobre cine para FilmInLatino, Correspondencias: cine y pensamiento, y en el área de prensa de la Cineteca Nacional.

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