Recomendación
El fugitivo

Año: 1993

Dirección: Andrew Davis

Guión: David Twohy y Jeb Stuart

            Basado en The Fugitive de Roy Huggins. 

Fotografía: Michael Chapman

Elenco: Harrison Ford, Tommy Lee Jones, Sela Ward, Joe Pantoliano, Andreas Katsulas y Jeroen Krabbé.

​Música: James Newton Howard

15 de marzo de 2019

Pensaba el otro día, mientras me recuperaba de una infección en las vías respiratorias, que el cine que nos toca ver cuando somos niños forma una parte sustancial de nuestra educación emocional. Sin duda las historias, héroes y villanos que vemos en las películas durante la infancia se quedan con nosotros durante toda la vida y cuando llegamos a la adultez volvemos a ellos una y otra vez para recobrar bríos, para sentir nostalgia, para poder “ver películas como ya no se hacen”. Temo que, aunque logremos ver muchas películas maravillosas durante el resto de nuestras vidas, pocas nos van a marcar como aquellas que vimos siendo unos niños.

La semana pasada tuve el tiempo suficiente para una sesión de nostalgia cinematográfica que funcionara como un remedio a los malestares que causaba la enfermedad. Así, decidí entrar a mi cuenta de Netflix y teclear directamente en el buscador el nombre del más grande héroe de mi infancia: Harrison Ford. Entre las películas que aparecieron destacó inmediatamente una de mis películas favoritas de Harrison de la década de los noventa: El fugitivo (Andrew Davis, 1993).

El fugitivo, es un thriller que lo tiene todo para ser una gran película: grandes protagonistas, misterio, persecuciones, ritmo trepidante, tensión permanente, un soundtrack impecable y fantásticas secuencias de acción. Volverla a ver después de muchos años no solo me hizo sentir en casa (y subsecuentemente mucho mejor físicamente), sino que también me permitió apreciar las bondades cinematográficas de una cinta que envejece como los mejores vinos y que 26 años después de su estreno sigue cosechando críticas positivas.

 

La trama gira alrededor del Dr. Richard Kimble (Harrison Ford) un respetado cirujano cardiovascular del Hospital de Chicago que es inculpado por el brutal asesinato de su esposa y condenado a muerte. Durante su traslado a una presión federal los demás presos que viajan en el autobús orquestan un ataque a los policías encargados de transportarlos y logran escapar. Kimble, en lugar de huir, decide regresar a Chicago para limpiar su nombre y encontrar al verdadero asesino de su esposa. Sin embargo, será perseguido por el tenaz alguacil federal Samuel Gerard (Tomy Lee Jones).  

Alrededor de esta premisa se va desarrollando una cinta sobre personajes arquetípicos —que no es lo mismo que personajes clichés— que nos gusta mucho ver en pantalla. Por un lado, tenemos a Richard Kimble, que es señalado injustamente por un crimen que no cometió y su lucha por hacer justicia y encontrar la verdad. En ese sentido, Kimble es un héroe modélico, un hombre que recurre a la inteligencia, a la honestidad, al honor y su sentido de justicia para encontrar él mismo al asesino de su esposa. Por otro lado, el alguacil Gerard es el perseguidor por excelencia, una especie de sabueso que no parará hasta encontrar su presa y para ello hará uso de su afilada inteligencia y su instinto cazador. La relación entre ambos personajes es el motor de la cinta y se agradece que sean interpretados por dos actores en la cúspide sus capacidades histriónicas. 

 

Al respecto, en verdad es encomiable la labor actoral de Harrison Ford, un actor que no suele ser reconocido con premios y distinciones; sin embargo, es dueño de una imponente presencia física y un carisma inigualable que lo catalogan como una de las más grandes estrellas masculinas de todos los tiempos. Como el Dr. Kimble, Ford es capaz de transmitir muchas cosas. En primer lugar, comunica la desesperación de un hombre que ha sido culpado injustamente y que tiene que sobrellevar la muerte de su esposa al mismo tiempo que es perseguido por la ley; lo vemos vulnerable, aturdido y enojado. Posteriormente, cuando Kimble logra escapar y regresa a la ciudad para iniciar sus propias investigaciones, Ford hace uso de todos sus recursos, incluyendo su icónica mirada y gestos corporales, para transformar a su personaje en un auténtico detective que pasa de ser perseguido a guiar las investigaciones de las autoridades hacia el verdadero responsable. Tommy Lee Jones hace lo propio con su personaje de Samuel Gerard —papel por el que gana el Oscar a mejor actor secundario— e imprime a su personaje una personalidad salvaje e implacable. En muchas escenas, Gerard deja claro que él no se rinde hasta lograr sus objetivos. El personaje de Jones sirve también como una válvula de escape para el dramatismo de la cinta y tiene muchas de las mejores líneas de la película gracias a la capacidad de improvisación del actor.

 

La dinámica entre ambos personajes queda establecida durante su primer enfrentamiento —la famosa secuencia en los ductos de agua— en la que por un segundo Gerard pierde su arma y Kimble le apunta con ella mientras le dice: “yo no maté a mi esposa”, a lo que el alguacil responde con un desconcertante: “No me interesa”. En ese momento, las personalidades de los dos protagonistas quedan manifiestas —uno luchando por la justicia y el otro cumpliendo con su deber—, pero también establece las reglas de lo que vendrá después: Kimble intentará utilizar a su favor la rijosa personalidad de Gerard para conducirlo a la verdad. Por supuesto, que la verdad sobre el verdadero asesino de la esposa de Kimble es más compleja de lo que parece e incluye toda una trama de intriga entre sociedades médicas y farmacéuticas que vale mucho la pena descubrir mirando el filme. 

La doble persecución que se plantea en la película —la de Gerard hacia Kimble y la de éste último contra los verdaderos asesinos— no sería tan apasionante sin la espectacular dirección de Andrew Davis, quien desde el principio se comprometió con un proyecto que pasó por 25 borradores de guion y que tiene el mérito de condensar en un espacio de dos horas los más de 100 capítulos de la serie en la que está basado. Hasta la fecha El fugitivo sigue siendo la única película que ha logrado la nominación al Oscar a mejor filme basándose en una serie para televisión. Por lo demás, el pulso narrativo de Davis es encomiable, destacando el uso de una edición trepidante, y también destaca su acercamiento a la ciudad de Chicago como un personaje más en esta historia de persecuciones y traiciones. En suma, el director logró una cinta de acción y suspenso excelente centrada en el desarrollo de los personajes y en el uso correcto de las artes cinematográficas, algo que vemos cada vez menos en las cintas del género actuales.

Así pues, cuando terminé de ver El fugitivo una vez más no solamente me sentí mejor, cobijado por la cálida nostalgia, sino que me convencí de que es necesario que se vuelvan a plantear cintas como ésta. El género de acción no tiene que ser un lavado de cerebro alienante que sólo nos entregue productos desechables. En ese sentido la cinta de Davis, Ford, Jones y compañía es uno de los grandes ejemplos noventeros que tenemos para sustentarlo. Cuando una película está hecha con pasión, inteligencia y con respecto al público, los resultados se mantendrán en el tiempo; cuando no, simplemente seguirán desprestigiando a un género que en 2019 parece tener pocos representantes dignos. 

Por ahí dicen que habrá remake de El fugitivo, para “traerla a las nuevas generaciones”. Dios nos libre y mejor vean la original. 

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