Reseña
Dune
por Pablo Andrade

26 de mayo de 2022

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Tengo sentimientos encontrados hacia la última película de Denis Villeneuve: Dune (2021). Cuando el proyecto se anunció el propio cineasta fue quien dijo que se trataría de su película más personal y siendo él quien rodó un par de obras maestras de la ciencia ficción contemporánea como Arrival (2015) y Blade Runner 2049 (2017), no podía hacer otra cosa más que emocionarme. Desafortunadamente, después de ver el filme un par de veces, no puedo dejar de pensar que la nueva Dune, brillante en muchas cosas, está principalmente motivada por el deseo de Villeneuve de anotarse un gran éxito de taquilla aunque para lograrlo tuviera que sacrificar la búsqueda de temas más profundos como lo hizo en las dos cintas arriba mencionadas. 

 

Me entristece porque cuando leí las primeras entrevistas de Villeneuve al respecto de esta nueva cinta hablaba de un sueño de adolescencia, de poder hacer la película que él iba imaginando en su cabeza mientras leía la icónica novela de Frank Herbert. Habiendo visto lo que fue capaz de hacer con Blade Runner 2049 —secuela de una película en estado de gracia como lo es la original Blade Runner (Ridley Scott, 1982), en donde se mostró como un artista valiente capaz de hacer suyo un universo que ha sido imitado innumerables veces tomando decisiones audaces que retaban a la audiencia y la llevaban a nuevos horizontes tanto estéticos como filosóficos—, yo pensaba que su Dune sería una explosión creativa, una apuesta arriesgada capaz de renovar la propuesta del cine de ciencia ficción en la actualidad.

 

Pero la realidad es que el resultado final es una película demasiado convencional, contándonos un historia iniciática que hemos visto muchas veces con anterioridad. Pero lo que más duele no es que Villenueve ruede un relato prototípico del héroe occidental —después de todo muchos filmes son variaciones de los mismos argumentos universales de occidente—, sino que es palpable la indulgencia para gustar a todo mundo, las pocas o nulas ganas de retar a la audiencia y llevarla a un viaje que se vendió como la última revolución del cine fantástico. Bueno, pues Dune no es tal cosa; es una película comercial que sigue los estándares para tener éxito en taquilla; y siendo justos hay que decir que como cine hecho para llenar salas es fantástica.

 

Espero que no se asuma que no disfruté con la película porque es un entretenimiento espectacular de principio a fin. Es más, estoy seguro que la versión de Villenueve será la adaptación definitiva de una historia que muchos consideran “inadaptable”; pero conociendo los lugares a donde nos había llevado con sus películas anteriores me queda la sensación de que ese filme que nos prometió se quedó en su cabeza, en algún lugar de su alma y de corazón adolescentes que un día soñaron con rodar de manera libre y con creatividad rabiosa su visión de Dune.

El autor forma parte del equipo editorial de CINEMATÓGRAFO.