Reseña
Bohemian Rhapsody
por Sergio Durand

8 de febrero de 2019

La cinta de ficción que invita a observar la vida de Freddie Mercury —uno de los iconos más importantes del rock británico— es controvertida. A muchos les ha gustado, a muchos otros no. Se sabe que Mercury no necesita introducciones, pero cuando se entra al cine se espera precisamente algo diferente, distinto a los lugares comunes y a las biopics tradicionales. Sin embargo, las elecciones en el guion sugieren que se pensó más en el gran público, ese que ha escuchado algo de la banda y del vocalista, pero que no sabe mucho en realidad: aquellos que sólo se saben “We are the Champions”y “We Will Rock you”. Se olvida al verdadero fan de Queen: el que lo siguió o disfrutó en vivo, el que fue a Puebla en octubre de 1981 a corroborar que Freddie existía y que la guitarra de Brian May sonaba a verdadero rock; o, en el caso de los más jóvenes, los que heredaron del tío “cool” los vinilos que liberan a la banda más versátil de los setenta. . 

Se escucha en las pláticas entre fans, casi como si se tratase de una película del “Universo Marvel”, que no se habló de temas esenciales en la vida de Freddie o Fahrouk. Concuerdo con esa mirada, pues me quedé esperando un poco más de su origen, de cuando le decían "paki" en un Londres mucho menos multicultural que el contemporáneo y de cómo eso influyó en su desarrollo personal y del personaje que creó. Su relación familiar sólo se trata un par de ocasiones en el filme, y no nos dicen mucho; así, todo se encamina a un final feliz demasiado convencional.

 

El filme también queda a deber en su recuento sobre la vida amorosa de Freddie. Así, se vende a un personaje que si bien se ve envuelto en relaciones tormentosas, siempre encuentra en la música y en su banda la salida a sus problemas. No es que eso este mal, pero creo que la figura del líder de Queen se trivializa y no se muestra la compleja lucha que enfrentó: desde las dificultades para expresar su sexualidad hasta lidiar con una enfermedad como el SIDA. El Freddie Mercury de la película es romantizado en exceso y elevado a una especie de mártir por su enfermedad. Al final, me quedé esperando una cinta más compleja con conflictos de índole racial o sexual; en otra palabras, algunas pistas que nos dijeran más sobre quién era Mercury atrás del micrófono. 

Técnicamente es una película bien hecha, con buena fotografía, sonido y, sobre todo, con secuencias musicales excelentemente reproducidas. Aunque Rami Malek reproduce, y me parece que esa sería la palabra correcta, a un Freddie medio “light”. Es más que nada un “performer”, por lo que no se transforma en una persona de carne y hueso. En suma, Freddie Mercury como “intérprete” —y de alguna forma como personaje ficticio— queda excelsamente retratado, mientras que Fahrouk (el chico indio, homosexual y contagiado por VIH) es casi borrado por completo y sólo se sugiere que existe, pero nunca se muestra del todo.

 

Finalmente, se podría pensar que el propio Freddie aprobaría este filme, porque probablemente intentaría ser recordado como el artista, como el intérprete o personaje que construyó, y no por quién en realidad fue en vida. En todo caso, me quedo con la secuencia del "Live Aid” en Wembley, de la que tanto se ha hablado y que es minuciosamente recuperada. Son veinte minutos de concierto que pagan de alguna forma lo que la otra parte de la película queda a deber.

 

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