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Recomendación
A Girl Walks Alone 1.jpg
A girl walks home
alone at night (2014)
de Ana Lily Amirpour

Año: 2014

Dirección: Ana Lily Amirpour

Guión: Ana Lily Amirpour

Fotografía: Lyle Vincent

Elenco: Shelia Vand, Arash Marandi, Marshall Manesh, Mozhan Marnò y Dominic Rains.

​Música: Bei Ru

9 de octubre de 2019

por Jorge Zendejas

Los amorosos salen de sus cuevas

temblorosos, hambrientos,

a cazar fantasmas […]

[…] Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,

la muerte les fermenta detrás de los ojos,

y ellos caminan, lloran hasta la madrugada

en que trenes y gallos se despiden dolorosamente…

 

Fragmento del poema “Los amorosos” de Jaime Sabines

Arash (Arash Marandi) —un poco alterado por la fiesta y disfrazado de vampiro— deambula por las banquetas de los suburbios acaudalados de una ciudad aparentemente vacía. De pronto, una chica (Sheila Vand) vestida de chador con forma de capa detiene la marcha de su patineta y lo mira fijamente. Éste pregunta dónde se encuentran y afirma desconocer el lugar a pesar de vivir ahí. Ella mira fijamente su cuello, al acecho como un predador, pero él interrumpe el acto y le confiesa en tono de broma la identidad del personaje que interpreta esa noche: “soy Drácula”.

El desconcierto reflejado en los ojos de la chica es evidente. Ella no va disfrazada. Es un ser ancestral, un vampiro, y su próxima víctima la está incomodando. “Descuida, no te haré daño”, sostiene él. Cuestiona su presencia y comparte su asombro: ambos están en el mismo lugar y momento. Toma su mano: “estás helada”. Los ojos de ella muestran asombro. Él la abraza con su capa. Y ella se queda inmóvil sin saber qué hacer. “Sentémonos en la banqueta”, le propone; pero ella niega la posibilidad de hacerlo y en cambio lo invita a su casa: “está cerca, ahí podrás sentarte”.

En la ciudad se apilan cuerpos de hombres en el cauce de un río seco, las calles se nos presentan vacías; y, en su conjunto, los paisajes causan escalofrío: sitios de extracción de petróleo y plantas de energía eléctrica, calles angostas donde sus habitantes se distinguen únicamente por el claroscuro de sus siluetas que contrastan en las paredes iluminadas por el alumbrado público. Arash es un joven que combina empleos para mantener a su padre —consumidor de heroína que culpa a su esposa fallecida de la desgracia—, pues está endeudado con Saeed (Dominic Rains), un sujeto que provee su adicción y que recientemente se la cobró arrebatando el coche a su hijo.

No queda claro si por una decisión consciente o por otros motivos, la chica ha decidido alimentarse únicamente de los hombres de la ciudad. Sin embargo, estos también están muertos en vida. Tienen un vacío existencial similar al de la chica, y, por tanto, a la que poseen los vampiros, seres narcisistas por excelencia que toman, además de la sangre, la vitalidad de los vivos para después desecharlos y continuar en su soledad eterna. La chica no aliviará el abismo con sus presas.

 

A Girl Walks Home Alone At Night (2014) es la opera prima de Ana Lily Amirpour, directora británica de ascendencia iraní. La cinta fue filmada en Estados Unidos —un pueblo al sur de California es el escenario de Bad City— y utilizó a actores iranís o de ascendencia para interpretarla en farsi. La dupla con su director de fotografía, Lyle Vincent, hace un homenaje al western europeo y al cine clásico blanco y negro, mediante referencias visuales (como la de James Dean) y el uso de una cámara digital con lentes anamórficos que asemejan una grabación de 35mm con una relación de aspecto de 2.35:1 en pantalla panorámica (ancha). Aunque se sacrifica algo de detalle emula el aspecto del celuloide con todo y su textura fotoquímica; también evita la sobrexposición de la iluminación que conceden los fuertes contrastes en blanco y negro, y mantiene nitidez en los acercamientos. 

 

De hecho, esa es una de las virtudes de la fotografía de la cinta: la presentación de los primeros planos y el contraste con los fondos en los planos generales y enteros, como los acercamientos a los rostros de Arash y la chica o las siluetas de estos mientras se desplazan por la ciudad, pues concentra la atención del espectador en la actuación de los protagonistas —sustentada, en su mayoría, en gestos y miradas con tonos expresionistas, y en menor medida en diálogo. También toma como influencia e inspiración el trabajo fotográfico en blanco y negro del estadunidense Ansel Adams, que proponía un fuerte contraste por medio de la iluminación. Por eso, se utiliza luz dura como en la cinematografía clásica. El resultado es poderoso. Como sugiere Vincent respecto a su trabajo: “una vez que eliminas el elemento de color, lo que queda es contraste e imágenes puras”. 

 

En el departamento de la chica, Arash se acuesta en la diminuta cama. Es un cuarto estampado con pósteres de cantantes de los ochenta —en otra secuencia comparten una hamburguesa recargados en el coche con el paisaje de la planta eléctrica y música de Lionel Richie de fondo (“Hello”). Ella coloca un vinil de la banda inglesa White Lies, mientras él, aún aturdido, gira una bola de disco: la luz se distorsiona y refleja en el techo y paredes del pequeño espacio. Se escucha “Death”. Él se acerca justo detrás y ella lo mira por última vez al cuello: “[t]hat's why everything's gotta be love or death…Yes, this fear's got a hold on me”. Se miran fijamente y ella recarga su cabeza sobre su pecho. La chica ha hallado una nueva fuente de vitalidad. La sangre es el amor. 

El autor forma parte del equipo editorial de CINEMATÓGRAFO.

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