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Reseñas
AFTERSUN
por Jorge Zendejas

28 de diciembre de 2022

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A lo largo de mi vida he hecho dos viajes en compañía de mi padre, me refiero únicamente con él. El primero inició al regresar de vacaciones en la playa, con la familia extendida, cuando era niño, tendría unos siete u ocho años. Por algún motivo decidió regresar antes y yo lo acompañé para no perder un par de días de escuela (algo que a mis primos les tenía sin cuidado y lamento que en ese entonces a mí no tanto). Además del trayecto de regreso por autopista, convivimos algunos días en la ciudad, mientras los demás regresaban: por la tarde después de la escuela y de su jornada laboral. Hice otro más largo durante mi adolescencia cuando mi padre me visitó al pueblo donde estudiaba el bachillerato, durante un largo receso aquel frío y nevado febrero. De ambas ocasiones, recuerdo idas al cine, cenas, desayunos, viajes en coche, en tren, visitas a museos, excursiones y paseos con otros turistas. 

 

Muchas de nuestras interacciones eran en silencio: mirando los paisajes, el arte de los museos o comiendo palomitas mientras veíamos una película. A veces compartía con él algún episodio de mi vida o dudas existenciales en espera de una guía, porque suponía que él contaba con más respuestas de las que yo podía tener; pero la mayoría del tiempo permanecíamos callados, contemplando lo que ocurría, leyendo o paseando. Supongo que si fuera un poco más genérico en aquellas descripciones pasaría como una anécdota que muchos podrían haber tenido durante la infancia y la adolescencia, porque los sentimientos que genera la interacción, la relación, con nuestros padres pueden ser universales y por eso resulta inevitable no sentirse identificado y conmovido con Aftersun (2022), la opera prima de la directora escocesa Charlotte Wells.

Sophie (Frankie Corio) de once años y Caleb (Paul Mescal), su padre casi a punto de cumplir treinta y uno, hacen un viaje a un complejo turística en las playas de Turquía. El hotel recuerda a aquellos centros vacacionales de playa durante los noventa, que también es cuando ocurre ese episodio en la vida de ambos personajes: grandes albercas, bares junto a éstas, maquinas de videojuegos, animadores, eventos con cantantes y música con canciones como la Macarena, bufés y días soleados junto a personas desconocidas, algunos de ellos amigos y amores de verano. 

 

Las secuencias de la vacación cumpleañera de Caleb y su hija se entrelazan con las de Sophie a su treinta (Celia Rowlson-Hall), ahora una madre perseguida por una secuencia onírica justo en la madrugada de su cumpleaños. En sus sueños observa a su padre bailando. Apenas se distingue las silueta de ambos. Las personas que están a su lado se difuminan con las luces parpadeantes. Caleb es joven como en aquel viaje y jadea al ritmo de la música. Sophie intenta aferrarse a él, mientras continúa bailando poseído, y las imágenes de Sophie adulta y joven se mezclan en la oscuridad.

Caleb intenta documentar todo el viaje en una cámara de video e incluso una impermeable para fotos bajo la alberca. Van a un sitio arqueológico donde alguna vez estuvo Cleopatra. Caleb le dice que la monarca egipcia visitó ese sitio justo antes de morir por una mordida de serpiente. Su hija lo corrige: en la escuela aprendieron que posiblemente se trató de un suicidio. De alguna forma Caleb empieza a darse cuenta que la curiosidad infantil aún está ahí, pero ya no piensa que su papá tiene todas las respuestas. 

 

Sophie percibe y registra todo a través de sus grandes ojos. Ve como adolescentes británicos coquetean entre sí, se besan o beben. En un momento su padre le dice que por qué no juega o se presenta con otros niños y ella le responde que son literal niños. Está dejando la infancia atrás y en el viaje descubre otro mundo: hombres besarse en secreto lejos del escrutinio de los turistas, escucha conversaciones sobre el despertar sexual, y hasta se hace amigo de otro chico británico de sus edad, compiten en carreras de motos en la máquina de videojuegos y eventualmente hasta tiene su primer beso. 

 

Sin embargo, también se aferra sus recuerdos de la niñez y en un evento organizado por los animadores del hotel intenta convencer a Caleb de cantar frente a otros turistas. Esa canción la han cantado en todas la vacaciones que han pasado juntos desde que ella tenía cinco años. Caleb se opone, no tiene ganas de hacerlo y ambos se pelean. Mientras Sophie se refugia en la convivencia con sus amigos británicos, Caleb se pierde en las calles cerca del complejo turístico y finalmente en la oscuridad de la playa y del mar. No se muestra bien a bien que le ocurre, pero imaginamos qué pasa. En otra secuencia lo vemos de espalda romperse, sollozar justo antes de perder el conocimiento. Sophie lo encuentra horas después. 

No sabemos mucho más de la vida de Caleb. Aún quiere a la mamá de su hija y tienen un intercambio amistoso en una cabina de teléfono roja como las británicas. Tiene poco dinero, y bebe un poco más cerveza de lo normal… su antebrazo está envuelto en vendas y yeso. Se molesta porque Sophie pierde su visor para esnórkel, uno que suponemos que es caro. Más adelante, su padre le recomienda tomar clases criticando su manera de cantar y ella le sugiere no ofrecer cosas que no puede pagar.

 

No obstante, ambos se quieren y durante el transcurso de la película vemos interacciones naturales, amorosas, de afecto mutuo, pareciese que estuviésemos viendo un documental de fotografías Polaroid: no sólo por las actuaciones y la química entre los protagonistas, que es notable, sino por las imágenes capturadas por el lente de Gregory Oke, el director de fotografía, que combina las imágenes grabadas en la cámara de video con la travesía de ambos personajes en cinta de 35 mm. En todo caso, hay imágenes que no se nos muestran. Y esas piezas son las que Sophie a su treinta está buscando de su padre. Uno que los recuerdos del viaje o de las imágenes de las cámaras no revelan.

 

No he repetido esos viajes con mi padre, pues me he distanciado con el paso de los años; y en la medida que crecí me di cuenta que realmente conocía y conozco poco a mi padre. Aún me cuesta trabajo lidiar con esa idea, de conocer poco a alguien que quise mucho alguna vez y que fue, al menos en mi infancia, un amoroso padre y parte fundamental de buena parte de mi adolescencia. Ahora es en muchos aspectos casi un desconocido, pero posiblemente incluso lo era cuando interactuábamos mucho más. Su vida, más allá de mis encuentros esporádicos con él, o los más frecuentes hace décadas, permanece un misterio. Hay algunas piezas de un rompecabezas interminable, pero es imposible encontrar todas.  

Sophie y Caleb visitan una tienda de tapetes. Caleb menciona mientras esperan el té de cortesía que el dueño contó que los tapetes tienen sus propias historias y los adornos que los componen representan distintas cosas. Más tarde vemos a Caleb regresar sin Sophie, solo, y desvanecerse en una montaña de tapetes, mientras espera el recibo de compra de uno de estos. Ahora ese tapete adorna la habitación que Sophie comparte con su pareja. El tapete fue parte del viaje y de alguna forma es una de las piezas del rompecabezas indescifrable para entender quién fue su padre más allá de la relación entre ambos: es uno más de los recuerdos que constituyen la imagen de tiene de él.

El objeto en mi caso no es el mismo, pero no hay duda que Aftersun me hizo pensar en la relación con mi padre y posiblemente ese efecto sea similar para cualquier que vea la película. La sensibilidad plasmada por Wells en esta brillante sucesión de imágenes ha conseguido, al menos en mi caso, que vuelva a escribir sobre cine y recordaré con más afecto que otras que he visto durante este difícil año; además, me remite a aquellos momentos con mi padre… tan lejanos que ya los había olvidado, como si se trataran de otra vida, la suya… y hasta la mía.

 

Aftersun (2022) puede verse aún en cartelera y pronto se estrenará en plataformas (Mubi). Recomiendo ver Tuesday, cortometraje de Wells que sirve como una secuencia no oficial a esta película y puede encontrarse en Vimeo o en la página oficial de la directora.

El autor forma parte del equipo editorial de CINEMATÓGRAFO.

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